Revista La Maza N° 50

EDITORIAL
  Con éste número, LA MAZA cumple su 50° entrega. No es poco mérito para una de las pocas publicaciones forjadas a partir de la insurrección popular del 2001 que logró atravesar todos estos difíciles años, en los que la cooptación gubernamental, el cansancio político y la confusión ideológica hicieron estragos en las filas de las organizaciones populares independientes. LA MAZA no sólo sobrevivió, sino que se fortaleció en esa lucha para mantener la autonomía política y construir una clara identidad revolucionaria, anticapitalista, socialista y libertaria. El primer número, con un formato distinto y más pequeño que el que adoptaría en definitiva, apareció en aquellos momentos de mediados del 2004, cuando las clases medias acompañaban la transformación del dolor de Juan Carlos Blumberg por el asesinato de su hijo en una gran cruzada reaccionaria que sacudía el tablero político. Decenas de miles de personas acudían a su convocatoria y hasta el propio Néstor Kirchner le daba entidad a sus reclamos de mano dura, imponiendo leyes que, claramente, criminalizaban la pobreza y que aún perduran en nuestro ordenamiento jurídico. No fueron pocos los dirigentes de izquierda que, seducidos por la multitud, participaron de sus marchas y que terminaron legitimando una construcción al servicio de los peores intereses. Sin embargo, aquel número inicial de LA MAZA ya marcaba un camino de ruptura con todo aquello que se expresada allí: su título de tapa era No hay sociedad segura sin justicia social! Era el inicio de un camino que, con interrupciones y altibajos, llegó hasta esta edición. Podemos afirmar, con orgullo, que hemos construido una herramienta al servicio de la difusión de las posiciones del socialismo revolucionario y libertario y del debate democrático de ideas dentro de los límites de la independencia de clase. Ha sido posible por la colaboración solidaria de muchos compañeros, comenzando por los más humildes, por los compañeros que la difunden, que la hacen presente en marchas, actos y protestas de todo tipo. También es fruto del aporte de muchos compañeros que acompañan el camino que nosotros recorremos, aún con diferencias y distintos puntos de vista y que nos hacen llegar sus escritos, poesías, ilustraciones y sugerencias de todo tipo. Y, finalmente, es el producto de un trabajo en equipo, una tarea colectiva, un debate democrático, fraterno y cotidiano entre los que formamos su equipo de redacción y edición. A todos ellos les agradecemos sus aportes, sin los cuales no hubiésemos podido llegar hasta acá. Y, fundamentalmente, les agradecemos a los miles de compañeros que nos han leído en ésta travesía y que son el destinatario de nuestros esfuerzos. Si hemos contribuido a acercarles una visión distinta del marxismo y del socialismo libertario que los llevó a reflexionar sobre nuestro papel como oprimidos en esta lucha emancipadora, si les hemos provocado una duda o hemos despertado su curiosidad, si le hemos acercado un panorama de las luchas populares y de los debates en el seno de nuestra clase, si hemos podido despertar su sensibilidad revolucionaria, habremos cumplido con creces nuestra misión.

GOBERNANDO CON EL PROGRAMA DE LA PEOR DERECHA

Por otra parte, también en este mes de marzo, hemos escuchado el largo mensaje a la Nación de Cristina Fernández, en ocasión del inicio del periodo legislativo. Fue acompañada por una cada vez más menguada y mejor pagada convocatoria de sus aparatos, a los que la Plaza del Congreso les quedó enorme de tanto vacío y tanta indiferencia popular. Su discurso fue más gravitante por lo que no dijo que por lo que sí dijo. No habló del país de la inflación que se come el bolsillo de los pobres, nada dijo de los salarios o las jubilaciones clavados en cifras de hambre, no mencionó el desmadre energético que azotó a la población durante los meses previos ni el despojo a la economía popular consumado con su devaluación. No se hizo cargo del vergonzoso acuerdo con Repsol ni dio los detalles reservados de la sociedad con Chevron en Vaca Muerta. CFK no quiso llamar por su nombre, ajuste brutal contra el pueblo, a su giro económico.
Pero sí habló del problema que, realmente, comienza a preocupar cada día más a su gobierno: el control de la calle, la resistencia social que crece, las protestas cada día más generalizadas. Y, cuando lo hizo fue aplaudida por toda la derecha legislativa, incluidos los macristas: va a elevar un proyecto de ley para castigar a los que manifiesten su bronca en la vía pública. Eso mismo es lo que, en su accionar, ya anticipaba su Villar y Margaride de cabotaje, el carapintada de Sergio Berni.
Finalmente, el kirchnerismo que ha adoptado como propio el programa económico de la derecha liberal, asume, también, su reclamo de mano dura ante las protestas. De aquel progresismo, siempre más discursivo que efectivo, ya no queda nada. Ahora, al kirchnerismo es muy poco lo que lo distingue de los tradicionales aparatos de la dominación capitalista. Se ha transformado, definitivamente, en un discurso lleno de mentiras que muy pocos creen para justificar una política de hambre y entrega que nadie, en las filas del pueblo, avala.
El populismo, como siempre ha sucedido en la historia, llegado el momento de las vacas flacas deja atrás su ropaje benefactor y se pone a disposición de sus amos. Les entrega los restos de popularidad y control de calle que aún le restan, con tal de preservar la tasa de ganancia de los capitalistas, aun cuando, al hacerlo, sacrifica su futuro político como corriente. Sólo un gobierno peronista, antes, debió enfrentarse al pueblo como ahora lo hará éste gobierno. Fue el de Isabel Perón, la que terminó sus días a manos de los militares, acorralada por las protestas y las huelgas de millones de trabajadores peronistas y despreciada por el pueblo. Ahora, el gobierno de CFK deberá confrontar con su propio electorado y con su base social para imponer el programa de la derecha, el que ha hecho propio, el de devaluación, inflación, bajos salarios, hambre y entrega. En las luchas que están por venir no sólo se decidirá si el pueblo paga la fiesta de los burgueses, sino, también, si el viejo verso peronista resiste una nueva traición o si abre paso a una nueva identidad política de los oprimidos, una identidad de liberación y emancipación social que entierre, definitivamente, la dominación capitalista.

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Revista La Maza N° 49

EDITORIAL
  Finalmente, por si alguna duda les quedaba a algunos, el gobierno de Cristina Fernández se ha quitado todas las caretas y se ha despojado de todo disimulo. Ante el achicamiento de sus recursos económicos, con creciente déficit fiscal, brutal e insoluble crisis energética, caída estrepitosa de las reservas y una inflación y dólar negro fuera de control, se ha lanzado a aplicar un ajuste feroz contra el pueblo. En los últimos dos meses el peso se ha devaluado en casi un 40%, la inflación del año que acaba de terminar rondó el 30% y se estima que enero arrojará un crecimiento de los precios cercano al 6%. Los aumentos del transporte público y de los combustibles de diciembre han sido sucedidos, ahora, por una verdadera ola de remarcaciones de todos los precios. Este ajuste brutal implica una confiscación de los ingresos de los pobres que supera el 30 % y que golpea, especialmente a los más humildes. Los jubilados, los docentes, los empleados públicos, los que sobreviven con planes sociales, los trabajadores y los pequeños comerciantes, los más vulnerables, los siempre castigados y postergados serán los más afectados. Los capitalistas no vacilaron en trasladar el nuevo precio del dólar a todos los productos, empezando por los que componen la canasta básica. Incluso, durante los últimos días de enero, fueron varias las cadenas de electrodomésticos y otros rubros que no tenían precio de venta porque estaban reelaborando sus listas.
Este nuevo ataque a la economía popular sucede al despojo que ya se venía perpetrando con índices inflacionarios que erosionaban regularmente el escaso poder adquisitivo de los salarios. El resultado es que, en la fabulosa década ganada millones de argentinos serán sumergidos en la miseria, en medio de una oleada de carestía como no vivíamos desde el 2001.
Por otra parte, los exportadores, comenzando con los dueños de las cosechas y las cuatro grandes empresas monopólicas amigas del gobierno que concentran las exportaciones de granos, se frotan las manos: de un día para otro han multiplicado sus ingresos. Lo mismo festejan las grandes empresas, extranjeras casi todas, cuyos costos en dólares (salarios, servicios de energía e insumos locales) disminuyen en un alto porcentaje mientras crecen sus posibilidades de exportar. Y más festejan la banca, los usureros y los piratas de las finanzas que ganan en una punta y otra de la timba especulativa en curso.

HAY QUE ENFRENTAR EL AJUSTE Y LA MISERIA KIRCHNERISTA

Pero este giro político del gobierno, accediendo a las demandas e imposiciones de los poderosos, es sólo el principio. El kirchnerismo en bancarrota, con sus cuentas en rojo, sin conducción política y sumergido en una ola de repudio popular, se arrodilla ante los acreedores y usureros internacionales, pidiéndoles perdón y permiso para volver a endeudarse con ellos mismos a tasas exorbitantes. Recorrerán el mismo espinel de banqueros, consultoras, organismos internacionales y prestamistas que han recorrido antes Cavallo, Lavagna, Lemes y tantos otros ministros de economía del régimen. La deuda, la que, pese a los discursos mendaces del gobierno, jamás dejamos de pagar y jamás dejó de crecer, volverá a ser el primer mandamiento de los argentinos. Seguiremos viviendo para pagarles a los usureros préstamos que nunca vimos, que jamás construyeron hospitales ni escuelas ni puentes ni rutas ni viviendas, pero que sí enriquecieron a esos ministros, a los coimeros, los intermediarios y, por supuesto, a nuestros gobernantes convertidos en agentes de cobranzas de los usureros.
Pero para poder volver a endeudarse, el gobierno deberá arreglar las cuentas pendientes con todos aquellos a los que nunca les iba a dar nada. Ya peregrinó Kicillof ante los fondos buitres, ante los españoles de Repsol y los acreedores en el CIADI, se humilló ante los chinos y suplicó en el Club de París. A todos ellos les aseguró que les pagarán con creces lo que reclaman. Lo harán con el hambre del pueblo, con tarifazos que nos cobrarán servicios públicos destruidos a precios internacionales, con salarios miserables y congelados, con jubilaciones de indigencia y condenando al hambre a toda una generación. Volverán a la eterna deuda de la que fueron celosos pagadores. Terminarán aceptando que el Fondo Monetario Internacional u otro organismo similar les audite las cuentas y les dicte las políticas adecuadas para asegurarle a los usureros la certeza del pago. Ese es el camino que ha adoptado, en su bancarrota y descomposición política y moral, la camarilla de lúmpenes que nos gobierna con su autista jefa a la cabeza. Saben que pagarán un alto precio: el irreparable desprecio del pueblo e, incluso, el alejamiento de muchos de los que los siguieron. No son pocos los que están saltando el cerco y alejándose de un palacio y una corte de alcahuetes que está bailando sobre la cubierta del Titanic, como bailaba Cristina el 10 de Diciembre mientras el país ardía en saqueos y los muertos se contaban por decenas. Verbitsky y el CELS, Horacio González y su Cartera Abierta, la Paco Urondo, sectores del Evita y tantos otros, junto con preocupados gobernadores, intendentes, punteros y sindicalistas ven venir una tormenta social de magnitud y buscan nuevos refugios.
Sin embargo puede suceder que el kirchnerismo pague un precio más alto, todavía, y arrastre, en su caída, al régimen todo: puede que la extendida bronca popular se transforme en acciones de repudio callejero y que una oleada de protestas populares sacuda el tablero de los intereses imperiales y de sus sirvientes locales. La democracia bastarda de radicales, peronistas, social demócratas y macristas no tiene nada que ofrecerle a los oprimidos y éste derrumbe estrepitoso de los kirchneristas es la confirmación de que nada puede esperar el pueblo de ninguna de esas variantes de la partidocracia corrupta, mendaz y servil.
Empezamos a transitar momentos que pueden marcar épocas: es posible que un pueblo que no ha olvidado las lecciones aprendidas en años de lucha anteriores se ponga a andar por sus banderas; puede que vuelvan a brotar, como sucedió apenas unos pocos años atrás, como flores en imparable estallido de primavera, las organizaciones independientes de agrupamiento y lucha de los oprimidos. Puede que un Argentinazo esté madurando y es obligación de todos los luchadores empujar su caminar hacia el futuro.

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Revista La Maza N° 48


EDITORIAL
  El cambio ministerial dispuesto por CFK es un claro reconocimiento de la debilidad política en la que ha quedado sumido el gobierno después de las dos palizas electorales sufridas en los últimos meses. El retorno del kirchnerismo al viejo peronismo dejó en el camino a algunos leales pero impresentables soldados, encabezados por Guillermo Moreno y Abal Medina, y en una situación de extrema incomodidad a los aliados progresistas, como Verbitsky y Carta Abierta. La aparición rutilante de Capitanich, ex colaborador cercano de Duhalde, como presunto hombre fuerte y posible heredero oficial y la entrega del manejo económico a un ex discípulo de Domingo Cavallo, como Kicillof, anuncian que el gobierno se dispone, con sus rémoras y contradicciones, a cumplir la agenda política social y económica de los vencedores. El dinero se acabó, la fiesta se termina y el ajuste ha llegado. Un nuevo cepo, ahora salarial, ha sido anunciado por éste tándem como receta salvadora para combatir la inflación: las paritarias no podrán firmar aumentos por encima de un miserable 18 %, sentenció Kicillof. El kirchnerismo en decadencia adhiere, así, a las posturas del maestro de su ministro de Economía: no son los explotadores, los comerciantes y los especuladores los que generan la inflación y lucran con ella, sino que los precios aumentan porque los pobres luchan por no morirse de hambre! El anuncio de un inevitable tarifazo selectivo y una devaluación del 30% sobre el dólar turista fueron acompañados con un alza de todos los combustibles líquidos, medida que, en un país donde el transporte automotor es la regla, generará un fuerte impacto en el costo de vida de los humildes. No habrá bonos para jubilados ni aumentos de emergencia para nadie, pero sí se atenderá con solicitud todo reclamo de los usureros internacionales que afecte la posibilidad de volver a endeudar a nuestro pueblo. Empezando por pagarles a los españoles de Repsol una cifra cercana a los 8.000 millones de dólares como resarcimiento por haber vaciado nuestro subsuelo de petróleo y gas. Y otros 500 millones para cumplir con el CIADI, un tribunal a la medida de los usureros. Y, para acompañar en el terreno social este giro hacia los dueños de los mercados (volveremos a donde nunca debimos irnos!, dijo un eufórico Néstor Kirchner en Wall Street hace algunos años!!), se fortalece un eje represivo basado en el ejército y conducido por un ex capitán carapintada (Berni) y un general genocida (Milani), al que una desquiciada Hebe de Bonafini saluda con entusiasmo como un militar sanmartiniano.

LA AGENDA DE LOS POBRES

Sin embargo, el país que acaba de propinarle una paliza electoral al gobierno no lo hizo para reconstruir un gobierno recostado en la peor derecha, sino para proclamar que no admite más parches ni limosnas y que no ha sido partícipe de la dékada ganada por esta bandita de aventureros y sus patrones. El malestar social se extiende a todas las capas de la población humildes y la bronca madura en los barrios pobres. La pérdida del poder adquisitivo de los salarios, el insaciable avance de la inflación sobre los sueldos, las suspensiones y los despidos y la evidente caída de la demanda laboral suman su cuota de desesperación en millones de argentinos que nunca gozaron de los beneficios de la cajita feliz administrada por el gobierno y sus secuaces. La oleada de saqueos que conmovió al país y desnudó un gobierno paralizado, anticipa la llegada de un tiempo en el que el pueblo explotado tratará de imponer su propia agenda por encima de los intereses de las distintas fracciones y camarillas burguesas. Que prácticamente la mitad de las policías provinciales se hayan amotinado o acuartelado es un claro indicativo de la quiebra del orden capitalista. El servilismo con el que gobernadores de distinto signo pero de economías igualmente quebradas acudieron, bajándose los lienzos, a satisfacer los reclamos de sus guardias pretorianas pone en evidencia su convencimiento de que sin esos verdugos en las calles no durarían ni una sola noche en el poder. Pero ninguna sociedad se sostiene sólo por el número o armamento de sus guardianes: para lo único que no sirven las bayonetas -decía Napoleón- es para sentarse encima de ellas. Aún el más autoritario de los gobiernos requiere, de manera imprescindible, tener alguna legitimidad, algún reconocimiento social, por así decirlo, de poseer utilidad y beneficio público y general. Si carece de ello, si el pueblo no encuentra contención en esos regímenes, por más poderoso que sea su aparato represivo, sus días están contados. La rebelión de los milicos, esos asesinos de pobres fanáticos del gatillo fácil, pone de manifiesto que hasta ellos han intuido que al gobierno le queda poca nafta en el tanque, que serán requeridos a tiempo y palazo completo y aumentan su precio como mercancía escasa y necesaria. En el otro lado de la calle, la falta de legitimidad del régimen se expresa en el rechazo a un gobierno que ha vivido en la ostentación de la opulencia, que ha despilfarrado millones de millones de dólares, que ha entregado al economía y la soberanía nacional como ninguno en las últimas décadas y se traduce en desprecio violento a normas de convivencia y buenas vecindades que sólo sirven para perpetuar la miseria. En los saqueos, como en botica, se mezcla de todo. Desde las internas policiales hasta las sucesiones políticas, desde los matones de barrio hasta los lumpenes de las barras bravas dejan su huella en estos hechos. Pero, la llama sólo enciende la pradera si el pasto está seco y ese clima social de bronca y desesperación, sostenido por la miseria perpetua y el futuro sin esperanza, es el que explica la masividad de los saqueos, su generalización y su extensión geográfica. Reducir este clima de estallido social que se está instalando en todo el país a maniobras políticas o policiales es seguir gobernando con el INDEC de Moreno en la mano, una estadística donde no hay pobres ni miserables y donde todos estamos felices de ser parte de la dékada robada. Finalmente, la realidad hace trizas el doble discurso y la mentira permanente del progresismo bien pago. Han pasado apenas semanas desde las elecciones y ya el pueblo está marcando, de manera inorgánica, violenta y caótica, cuál es la agenda que pretendió imponer en octubre. El año que se inicia será el de una confrontación directa, sin mediaciones discursivas, entre esas dos agendas, entre esos dos programas, el de los pobres para imponer un nuevo orden social y el del régimen para perpetuar la miseria y la entrega.

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Revista La Maza N° 47


EDITORIAL
  En medio del clima funerario que vivía el oficialismo después de la derrota en las elecciones legislativas, el fallo de la Suprema Corte de Justicia contra el Grupo Clarín por la Ley de Medios, fue una bocanada de oxígeno invalorable.
Permitió que sus voceros recuperaran una sonrisa extraviada y que algunos de ellos se ilusionaran con retomar una iniciativa política que, a la luz de los resultados electorales, aparece en otras manos y en otros dirigentes burgueses.
Sin embargo, el dictamen sigue dejando las puertas abiertas a las chicanas de los abogados de esta Corpo, que no se resignará fácilmente a perder los privilegios y las posiciones monopólicas acumuladas a lo largo de décadas transando con el poder político. Pero, en cuanto a la realidad del gobierno, es claro que, una vez que se disipen los vahos del festejo, la contundencia de la relación de fuerzas expresada en las urnas lo volverá a poner a la defensiva y contra las cuerdas.
El resultado electoral ha significado la constatación del agotamiento del kirchnerismo como proyecto de dominación política, autoritario y populista a la vez, al servicio de los grandes capitales. Este proceso de decadencia, iniciado en el 2009, atravesó idas y vueltas y parece, ahora, haber alcanzado un punto terminal. El oficialismo perdió en todos los grandes distritos y en casi todas las grandes ciudades del país. Fue arrasado por Massa en la madre de las batallas, la provincia de Buenos Aires. En la Capital Federal quedó relegado a un tercer puesto, perdiendo los dos senadores que tenía. En Santa Fe y Córdoba, quedaron terceros. En Mendoza quedaron segundos, detrás del destituyente Cobos y en Santa Cruz, su terruño, fueron derrotados por el radicalismo después de décadas de hegemonia. En sólo dos años, el kirchnerismo perdió más de cuatro millones de votos. La licencia de la Presidenta, por sus problemas de salud, fue infructuosamente utilizada para intentar generar un voto solidario con su figura, cosa que estuvo lejos de suceder. Sirvió, en cambio para sacarla de un escenario de derrota, donde la patética figura de Boudou como maestro de ceremonias reflejó, mejor que cualquier análisis, la bancarrota política del gobierno. Sirvió, también para hacer pasar desapercibida ante los ojos del pueblo la nueva agachada de estos progresistas de cartón, poniéndose de rodillas ante el Banco Mundial y ante los que litigaron contra el país en su tribunal (el CIADI), pagándoles juicios indemnizatorios por más de 500 millones de dólares.

EL HORNO NO ESTÁ PARA BOLLOS

Se ha abierto una etapa de transición política, en la que el régimen se apresta a encarar la sucesión del kirchnerismo, con o sin su acuerdo. El problema es que lo hará en el marco de una fuerte retracción económica, desajustes cambiarios, déficit fiscal e insostenibles importaciones energéticas, entre otros obstáculos, lo que transformará los tiempos por venir en un hervidero de maniobras, presiones, corridas, aprietes y convulsiones. La gran burguesía, reunida en el coloquio anual de IDEA, realizado el mes pasado en Mar del Plata, elaboró su plan económico y financiero. El derrotado carece de derechos, parecieran decirle, los dueños del país al gobierno. Por eso aspiran a que sea el kirchnerismo agónico el que se haga cargo del precio de la fiesta y de un feroz ajuste sobre el bolsillo de los pobres. Este verdadero ultimátum ya comienza a dividir aguas dentro del oficialismo, entre los gobernadores, entre los caciques territoriales y en el propio gabinete de ministros. Todos ellos se encuentran en estado deliberativo y todos aspiran a quedarse con algún bote salvavidas cuando venga el inevitable naufragio. Debilitado, el gobierno comenzará a encontrar fuertes resistencias a un autoritarismo huérfano de respaldo y carente de futuro. La reaparición de la Liga de Gobernadores y el protagonismo de Scioli, anuncian el fin del bonapartismo kirchnerista, reducido a su núcleo más duro.
La oposición burguesa es un rejunte de miserias políticas que se alimentan del ocaso oficialista y que no tienen más programa que el ajuste, el congelamiento de jubilaciones y sueldos, el recorte del gasto social, el fin de los subsidios, la devaluación y el tarifazo. Sin embargo, ese programa choca con una realidad social adversa: el grado de organización popular y el estado de ánimo de la población no son propicios para hacer pasar ese trago amargo sin que corra sangre por las calles del país. Eso refuerza las presiones sobre el gobierno para que sea el que se anime a colocarle el cascabel al gato, utilizando sus menguadas herramientas de control y confusión (sus desprestigiados organismos de DDHH, la debilitada burocracia sindical y los mamarrachos territoriales y culturales a sueldo) y recurriendo, si es necesario, a los Berni, Granados, Milani y los aparatos represivos, incluidos los militares. Pero el kirchnerismo, dividido y en derrota, se niega a avanzar frontalmente contra el pueblo porque percibe el riesgo explosivo que entraña la tarea. La expresión electoral de ese clima hostil fueron los millones de argentinos que no votaron o votaron en blanco (el 30 % del padrón) y los casi dos millones de votos de la izquierda legalista, la que recogió la mitad de los votos perdidos por el desacreditado oficialismo. Ello constituye una clara advertencia de los oprimidos a la burguesía y el gobierno contra la aplicación de un ajuste. Sin embargo, a los capitalistas las cuentas no les cierran y cada día les cerrarán menos, por lo que, a regañadientes o a cuenta gotas, el gobierno deberá aplicar el único programa de la burguesía, el de la devaluación y el tarifazo. En las calles y en las peleas por venir se definirá si el régimen logra imponer su receta o si el pueblo movilizado, en la confrontación directa y violenta contra los explotadores, les tuerce el brazo e impone una solución acorde a sus intereses históricos y de clase, abriendo el camino de la verdadera liberación social y nacional, el camino del socialismo y la libertad.

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Revista La Maza N° 46


EDITORIAL
  En estos días se cumplen treinta años del restablecimiento de la democracia en nuestro país. La derrota en Malvinas y la persistencia de la resistencia popular pusieron contra las cuerdas a la dictadura militar más sangrienta de nuestra historia y la dejaron a merced de un pueblo heroico y movilizado que ganaba las calles cada vez con mayor masividad y contundencia.
Exigía justicia, aparición con vida de los miles de desaparecidos, libertad de los presos políticos, libertades democráticas, políticas y sindicales. Pero, también y sobre todo, exigía la restitución de las importantes conquistas sociales y económicas logradas en décadas de lucha y arrebatas a punta de fusil por los militares genocidas para enriquecer a los socios empresariales de la dictadura.
Y, mientras la dictadura apuraba la negociación con los siempre bien dispuestos políticos burgueses y restablecía la legalidad del funcionamiento de sus partidos, el pueblo reconstruía su memoria, abrazaba a los sobrevivientes, rescataba las luchas y sus enseñanzas. Se proponía reinstalar la discusión acerca de qué sociedad construir y al beneficio de quiénes. Pero ni los militares ni los políticos de la burguesía estaban dispuestos a tolerar ese rumbo al período post-dictadura que ya se vivía.
Entonces, transaron. El que primero acudió a la cita con los genocidas fue el viejo peronismo de Lorenzo Miguel, Bittel y compañía, el mismo que se incendiaría con el cajón de Herminio Iglesias. Con un poco más de discreción, también concurrió a la cita la Unión Cívica Radical, encabezada por el ex cadete del Liceo Militar, Raúl Alfonsín, viejo camarada de aulas de los generales Viola y Videla.
Fuese como fuese el desarrollo del acuerdo de impunidad sellado, lo que quedó claro era que el tránsito a la democracia no sería en beneficio del pueblo explotado ni de la Nación saqueada. Que se preservarían los negocios y las fortunas mal habidas y ensangrentadas de la burguesía argentina; que se honraría la deuda externa pactada para enriquecerlos a ellos y a los banqueros y gestores usurarios; que no habría revisión de los negociados del Mundial 78 y su TV color; que nadie indagaría seriamente el destino de los desaparecidos y que se garantizaría impunidad para los artífices y beneficiarios del período más negro de nuestra historia nacional. Y, tal vez porque pactó con mayor discreción que los peronistas, fue el partido radical el que se quedó con el sillón de Rivadavia, empujado por el voto multitudinario de un pueblo que creyó el verso alfonsinista de democracia en la que se come, se educa y se cura y de los juicios históricos en los que los genocidas pagarían sus culpas, mientras la CONADEP preparaba un informe más útil para los historiadores que para hacer justicia popular.
Lo que vino después es más conocido. La democracia demostró ser hija bastarda de la dictadura y de los poderes hegemónicos que aquella o bien construyó o bien fortaleció como nunca. Los partidos del régimen con su esquema bipartidista, radicalperonista, se encargaron de desandar los primeros y tibios pasos para acabar con la impunidad, vinieron las leyes de obediencia debida y punto final, vino el indulto de Menem y la reconciliación nacional y social con los empresarios socios e inspiradores del genocidio y con una cúpula eclesiástica que bendecía los fusiles asesinos.
En estos treinta años se les pagó a los acreedores varias veces el PBI anual de nuestro país, sólo para seguir debiendo, cada año, un poco más. En estas décadas, la Argentina de los pobres quebró varias veces. Se derrumbó el país con mayor alfabetización del continente; el abismo social se hizo cotidiano para millones y millones de argentinos que debieron aceptar vivir sobre la basura, comer de las sobras, vestirse de lo que tiran las clases medias y morir en los basurales; desaparecieron escuelas y hospitales públicos; la vivienda popular se transformó en un espejismo y el transporte público se derrumbó. Las empresas nacionales fueron rematadas a los usureros mientras la tuberculosis, el alcoholismo, las adicciones y el chagas hacen estragos entre los más pobres. En tanto, las fortunas mal habidas siguieron sentadas en todos los resortes del poder, ordenando los pagos, planificando los saqueos, mandando las miserias que sus políticos serviles ejecutan a cambio de una pequeña parcela de brillo y dinero. La corrupción de la política y su peaje fue el precio que paga la burguesía para poder seguir adelante con el programa que empezó a ejecutar Videla y que siguieron ejecutando todos los políticos del régimen, incluso este gobierno. 

TREINTA AÑOS CONTRA EL PUEBLO

Ahora, a tres décadas de la caída de la dictadura, el régimen se enfrenta a otro fin de época, al ocaso del kirchnerismo, a la amenaza de la inestabilidad política en un futuro que promete vacas flacas y crisis económicas. Y es tan categórica la derrota K que se acompaña hasta con la salud del árbitro supremo, CFK, comprometida por las categóricas palizas que está recibiendo y que anticipan un final agitado. Y el kirchnerismo no fue cualquier gobierno, fue el diseño populista del régimen, con pequeñas concesiones de forma y homeopáticas reformas de fondo destinadas a apagar el incendio del 2001; pero, a la vez, pagando como nunca antes cifras siderales a los usureros y asegurando ganancias colosales a los empresarios nacionales y a los saqueadores de afuera. El kirchnerismo ya fue, eso es lo que dirán las urnas este mes. Pero las urnas no dirán quién viene en su reemplazo porque la burguesía no ha podido instalar un candidato ni un proyecto que le asegure la estabilidad y el saqueo futuro.
Deberá imponerlos ante un pueblo mucho más organizado que el del 2001, rebelde, independiente, adicto a la acción directa y con su memoria política reconstruida. La burguesía sabe que vienen tiempos difíciles y por eso muestra sus dientes feroces y aparecen los Milani, los Berni, los Granados y el Ejército y gendarmes y prefectos desalojando pobres y patrullando ciudades.

Amenazan con hacer tronar el escarmiento a los que los desafíen, como hicieron en Bariloche, encerrando por largos meses a cinco humildes luchadores anarquistas para intentar apagar el incendio social o como pretenden hacer con los trabajadores petroleros de Las Heras. Pero los tiempos han cambiado y siguen cambiando en contra de sus designios. Los vientos soplan hacia el futuro y se llevan puesta la hegemonía universal e inmortal del imperio del norte, amo de estos serviles, y dejan como un papanatas a su presidente, humillado en Siria e Irán y con su gobierno cerrado por falta de fondos. Los tiempos por venir, los días esperados, están llegando. A cada uno lo que le quepa.

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Revista La Maza N° 45


EDITORIAL
  La poderosa maquinaria electoral, que todo lo tapa y disimula, se apoderó de la escena política y allí se mantendrá casi hasta finalizar el año. La escalada sin control de los precios de los productos de la canasta básica, los desalojos, los magros salarios, el trabajo en negro, el transporte público transformado en asesino serial del pueblo, el impuesto a la ganancia recaudando 50.000 millones de los bolsillos de los trabajadores, el acuerdo de la infamia firmado entre CFK y Rockefeller para entregarle el petróleo argentino a Chevron, los escándalos de la corrupción y el blanqueo de los capitales fugados, todo eso que ha sido la realidad cotidiana del régimen, aparece, ahora, disimulado en una campaña electoral que ignora las demandas de los oprimidos. Por eso es que nadie puede extrañarse ante la indiferencia popular en la que se desarrolla la pelea entre estos gerentes de la explotación y la entrega. Más allá de la obligada concurrencia a las urnas, estas elecciones han estado ausentes de las preocupaciones del pueblo, así como sus demandas lo han estado de los discursos de los candidatos.
Sin embargo, aunque estos comicios no cambien nada de fondo para los oprimidos, sí han resultado decisivos para los de arriba. En el bloque dominante se han producido fuertes grietas, cuestionamientos, críticas y exigencias fogoneadas por el agotamiento de los factores económicos que posibilitaron el éxito del modelo y que no están en condiciones de ser resueltas por el gobierno. La caída de la demanda externa, el cepo cambiario, las trabas a las importaciones, las retenciones a los granos, la retracción del mercado interno y el crecimiento del déficit energético más allá de lo tolerable por la estructura economía, transformaron en opositores a empresarios que se codeaban con el poder hasta unos días antes del comicio y que no vacilaron en aportarle fondos al peronismo opositor.
Esa situación buscó y encontró expresión política en los rejuntados peronistas opositores y en la nueva Alianza de Carrió y Binner. De manera distorsionada, se nutrieron de un creciente descontento popular y de la penuria económica que afecta a buena parte de la población. Es por eso que, en estos comicios, un desgastado kirchnerismo ha sido ampliamente derrotado por una oposición peronista light, liderada por un mediocre intendente, en el territorio esencial para la dominación política del país, la Provincia de Buenos Aires. Y lo ha hecho de una manera tan incruenta que sorprende a los que recuerdan las viejas y salvajes peleas entre peronistas. Hasta se podría decir que el kirchnerismo perdió el principal distrito del país sin, siquiera, poder dar pelea, lo que constituye un dato no menor acerca de su decadencia. Las huestes de La Cámpora brillaron por su ausencia y no hubo, a lo largo de toda la campaña, ninguna movilización popular genuina en la que el kirchnerismo pudiese sustentar su pretensión de continuidad. Sin pena ni gloria, Cristina Fernández de Kirchner emprende el camino del ocaso.

EL CAMINO DEL OCASO….

Atrás quedan las pretensiones fundacionales, las proclamas del mejor gobierno de la historia, la reforma constitucional, la eterna re-elección y disparates como el tren bala. Peor, todavía, deberá atravesar el desierto de estos dos años de final de mandato acosada por todos aquellos a los que su gobierno acosó y aún aquellos a los que su gobierno sirvió de felpudo. Unos por bronca, los otros por despegarse del fracaso, todos harán fila para pegarle. Se sumarán a la hilera los jueces y los fiscales, los conversos y los desagradecidos. Sus funcionarios gastarán horas en tribunales y, no pocos, conocerán la hospitalidad de las rejas penitenciarias. Y eso no por afán justiciero de los que vienen, sino por la necesidad que tienen, de ser creídos como algo distinto, quienes, en realidad, son más de lo mismo. CFK conocerá la ingratitud, la soledad y la dureza de los otoños en la vida de los patriarcas. Su final de ciclo será convulsionado, todas sus decisiones serán sometidas a cuestionamiento, algunos de sus mejores alfiles deberán salir de la escena y sólo unos pocos leales la acompañarán hasta el final del ciclo con la ingenua esperanza de negociar una tregua con los vencedores que les asegure su jubilación de corruptos impunes.
En tanto, acá abajo, donde las mentiras y las promesas de los candidatos valen menos que un plato de sopa, las urgencias seguirán siendo las mismas y los caminos para resolverlas seguirán siendo los de siempre. Dice un viejo chiste anarquista que si las elecciones le sirvieran al pueblo para algo, ya las habrían prohibido. Por eso son legales y obligatorias, para convencernos de que sirven para algo. Pero sí está prohibido que el pueblo delibere o gobierno de manera directa, que peticione de malas maneras o que se organice de manera independiente del estado y sus aparatos de dominación. Y prohibido en serio, sino miremos a los presos de Bariloche o Corral de Bustos, a los 5.000 procesados y a los miles de pibes asesinados por el gatillo fácil del régimen.

Nada bueno pude esperar el pueblo de esta democracia bastarda, hija de la dictadura y de los amos internacionales, fuente inagotable de prebendas y negociados. La rebelión de los de abajo madura en el mundo entero como respuesta a la crisis capitalista y nos convoca a redoblar los esfuerzos en cuanta lucha se libre y en cuanta batalla se plantee. El futuro está sembrado en el sacrificio de miles de luchadores, se nutre de nuestra memoria colectiva y está a tiro del puño de los pueblos.

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Revista La Maza N° 44


EDITORIAL
  Todos los cuerpos sociales se pudren, como el pescado, por la cabeza. En nuestro caso es el régimen político instaurado sobre la crisis del 2001 y desde el que se salvaguardan y perpetúan los peores intereses de la dependencia, el saqueo y la explotación, el que está entrando en proceso de honda e irreversible descomposición. El gastado recurso del discurso “progresista” ya no puede ocultar la decadencia de los pilares económicos sobre los que se asentó su dominación y la insatisfacción social que la acompaña. La persistencia de la miseria y el desempleo como realidad endémica en vastos sectores de la población, la inflación comiéndose los magros ingresos de los que tienen trabajo, la vivienda digna como privilegio de unos pocos, la salud pública reducida a ruinas, la deserción escolar y la juventud sin empleo ni estudio son apenas indicadores de un ciclo que está llegando a su fin: ya no tiene cómo legitimarse ante una población humilde a la que los cansadores discursos presidenciales no logran conmover. Lo que comienza como una sensación en los bolsillos, poco a poco, se instala en la conciencia colectiva. Al principio lo hace de una manera primitiva, condenatoria, un “esto no va más” que anticipa el paso a la acción de rechazo.
Pero el grado de podredumbre de la dirigencia política no se limita al patético y aislado gobierno. Se extiende en sus instituciones, su cultura sus artistas y periodistas y en la propia oposición burguesa, perfora todos los poros de la sociedad, invade todos los espacios. Un parlamento que es, apenas, una escribanía cara integrada por “ladris”, mediocres y “ladri‐mediocres” para avalar los deseos autoritarios de la banda gobernante; testaferros que mudan bóvedas y valijas cargadas de dinero como si fueran trastos; un poder judicial colonizado por el gobierno, los partidos y las corporaciones empresarias que no vacila en “blanquear” a Chevron a expensas de un genocidio en Ecuador; espacios culturales entregados a la dádiva oficial que no se avergüenzan de filmar películas de “alto contenido social” con presupuestos astronómicos, financiadas con fondos públicos y presentadas en eventos “fashion” en Puerto Madero; recitales de músicos “progres” facturados a precios de oro a las arcas públicas; dirigentes sociales oficialistas que se transforman en prósperos empresarios petroleros; periodistas conversos, de mala memoria, que son, ahora, costosos abanderados de la “causa nacional”; políticos que fueron, son y serán parte del modelo de saqueo nacional y explotación social pero que, en vísperas de las elecciones, se travisten en feroces opositores y así hasta el agotamiento.
Semejante decadencia no puede producir más que una conciencia popular precaria y dividida entre los oprimidos que, aun viendo que “esto no va más”, no encuentran modo de expresarse. Es bronca, es hastío y es desesperanza. La protesta adquiere, entonces, formas elementales, primarias, delincuenciales de manifestación y la violencia aparece en todos los rincones de la sociedad. El régimen aprovecha eso y demoniza en los “pibes chorros”, en los “inadaptados”, en la “delincuencia feroz” lo que no es otra cosa que la irrupción salvaje de un generalizado y profundo rechazo social ante la estafa política en curso.

DIFERENCIA DE MODALES, NO DE MODELOS

Unos y otros, oficialistas y opositores, arman su farsa electoral con un ojo puesto en la tormenta que se está gestando en la profundidad de la conciencia de los oprimidos y con el otro mirando a Brasil, a Egipto,
Portugal, Turquía o España, para nombrar algunos de los escenarios de protestas mucho más contundentes.
Esos países les muestran la fugacidad de sus sueños de estabilidad en estos tiempos de crisis feroz y dan fe de la precariedad de su dominación. Sin embargo, ni el oficialismo ni sus opositores pueden apartarse de un libreto que los lleva, irremediablemente, al choque con los explotados. El “modelo” les es común a todos ellos.
El capitalismo es, hoy más que nunca, explotación, saqueo, destrucción del medio ambiente y de la sociedad y estos políticos que compiten por el voto de los pobres son apenas patéticos intérpretes –con aspiración
societaria‐ de una partitura que se escribe en los despachos de los banqueros, de los GEOS de las multinacionales y las mineras, en las oficinas de los pools de siembra, de los especuladores y usureros, de los industriales globalizados. Apenas los separan los modales, las formas de hacer efectivo que el costo de su crisis lo paguemos nosotros. Son diferencias de estilo y modo, no de fondo las que los separan.
Tienen, por otra parte, una coincidencia adicional: utilizar las elecciones para aletargar la incipiente conciencia opositora del pueblo, distraer la atención, alargar los plazos, estirar las agonías. Pero no hay plazos que no se venzan ni cuentas que no se paguen, dice el saber popular y, pasadas las elecciones, profundizada la crisis de dominación en curso, agravadas las condiciones materiales de millones y millones de argentinos que la avaricia capitalista impone, la protesta popular habrá de reaparecer con toda su energía revolucionaria, sumando la experiencia de las rebeliones anteriores y la energía de las nuevas generaciones de luchadores. Y lo harán en el marco de todo un mundo al que los oprimidos están transformando en el campo de la batalla más trascendente de la historia humana, la del fin de la raza de los explotadores.

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Revista La Maza N° 43


EDITORIAL
  Un clima de fin de época, creado por el agotamiento de los recursos económicos sobre los que se sustentó la hegemonía kirchnerista, comienza impregnar la política nacional. La oposición burguesa y sus medios de difusión  amplifican hasta la exageración esta inocultable decadencia; reproducen datos, estadísticas, denuncian escándalo tras escándalo, bóveda tras bóveda. Testaferros y valijeros, amigos y funcionarios descubren el olfato político de algunos jueces que intuyen el irreversible cambio de humor político en la sociedad y se animan a imputar e indagar a quienes hasta hace unos meses eran intocables personajes del poder. Antiguos vasallos políticos se le animan a la ira del Palacio y su moradora y arman, más o menos abiertamente, listas comunes con la oposición para competir en las próximas internas, facilitan fiscales y pagan afiches y pintadas de los supuestos adversarios. Reconocidos militantes de trayectoria social, devenidos oficialistas, admiten en voz baja, la posibilidad cierta de un contundente derrota electoral, anticipada por una grave crisis institucional si la justicia, como todo parece indicar, voltea la reforma judicial y suspende la elección de consejeros de la Magistratura. El impacto de los cuestionamientos comienza a horadar el autoritarismo presidencial, genera fisuras internas y crisis y peleas de gabinete que, muy pronto, serán un juego de niños si el escenario electoral adverso se confirma.
Sin embargo, está lejos de los planes del oficialismo acordar con la burguesía opositora alguna forma transicional de abandono del poder. No existe, para el cristinismo, vida más allá del Palacio y los resortes económicos y coercitivos con los que construyó hegemonía, disciplinó descontentos y premio lealtades y alcahueterías. Y si no existe en lo más alto del poder autoritario voluntad alguna de consenso, mucho menos lo habrá entre las filas de los “Jóvenes Maravillosos” que componen su primera línea de fuego. Lanzados al estrellato y a porciones de poder, caja y fama no por méritos de militancia sino por su eficacia en el besamanos palaciego, son los primeros en proclamar, a voz en cuello, su voluntad de guerra en defensa de esas fabulosas prebendas. Después de haber olfateado las mieles del poder, ni se les pasa por la cabeza el regreso a las penurias del llano y al combate cotidiano por el pan y el alquiler.

TODO TIENE UN FINAL

Se equivoca, entonces, la burguesía opositora si cree que podrá desalojar del mando, fácilmente y por los métodos de la democracia burguesa, a quienes hicieron historia, precisamente, por construir su poder en medio de las ruinas del régimen, después del 2001. Acosado por la adversidad, el cristinismo dará pela y mostrará su verdadero rostro de clase, más represivo y autoritario que nunca. Descargará el ajuste económico sobre los humildes, impondrá –ya lo hace-cepos explícitos a paritarias ficticias mientras su impuesto inflacionario carcome los magros ingresos de los trabajadores. Mostrará que no hay contradicción entre un discurso “ladri-progresista” y una política represiva encabezada por un teniente coronel amigo de los carapintadas y secundada por gobernadores que no escatiman palos a la protesta social en sus provincias. Devolverá golpe por golpe, mazazo por mazazo. Está obligado a hacerlo porque de lo que se trata –pese a los alaridos histéricos e incomprensibles de sus intelectuales pagos-no es de defender ideas, programas, banderas, trayectorias o héroes, sino fortunas, inmensas fortunas, inimaginables fortunas muy mal habidas y peor disimuladas. Lázaro Báez no es más que un peón en ese tablero enorme en el que habitan, no sólo ordinarias bóvedas, sino sofisticadas y fabulosas participaciones societarias en empresas mineras, constructoras, medios de difusión, casinos, petroleras, bancos, de bio combustibles y de producción agraria. Como al náufrago ladrón de galletas de un recordado cuento de Jack London, la avaricia puede más que la prudencia y transforma en valientes a cobardes de reconocida trayectoria.
Por eso, más allá del próximo capítulo electoral, lo que cabe esperar es un recrudecimiento de la lucha interburguesa, un salto adelante en la disputa por la sucesión dentro y fuera del partido peronista y el regreso de las grandes luchas populares como única respuesta superadora a la descomposición del régimen y la guerra entre bandoleros.
Las recientes y masivas protestas populares en Europa, que pusieron en la calle a millones de personas en decenas de ciudades, comenzando a desbordar el control de los aparatos reformistas (los “progresistas” de allá) marcan un camino de enfrentamiento directo con el poder capitalista en el centro de su dominación. Mientras acá la izquierda legal se mata por los lugares en las listas de un frente que no contiene a nadie, la historia está golpeando las puertas del presente. Lo hace con la vehemencia y universalidad que pocas veces tuvo a lo largo de los siglos. La burguesía, la misma clase social que hace doscientos años exigía “Aux armes citoyens!”, comienza a temblar ante la posibilidad de que ese grito sea enarbolado, ahora, por millones de oprimidos lanzados a conquistar el futuro.

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Revista La Maza N° 42



EDITORIAL
  Las revelaciones periodísticas sobre el lavado de dinero y la fuga de divisas por parte de encumbrados miembros de la camarilla gobernante han sacudido al régimen, dejando al descubierto todas las falacias del modelo kirchnerista y poniendo a la orden del día un generalizado cuestionamiento al gobierno de Cristina Fernández. Desde los dramáticos episodios de las inundaciones, con su interminable secuela de víctimas de la desidia y la corrupción oficial, la ruptura de amplios sectores de la población con éste gobierno ha pegado un salto adelante. No es un proceso explosivo, viene madurando desde hace largos meses al calor del deterioro de la situación económica de los más pobres y de amplias franjas de las clases medias. Tuvo, ya, una fuerte expresión política en ocasión del aniversario de la tragedia ferroviaria de Plaza Once. Fue madurando al calor del aumento incesante de los precios “congelados” por Guillermo Moreno, en un contexto en el que no hay demanda laboral y en que los salarios han perdido notablemente su capacidad adquisitiva. La industria de la construcción, tradicional dinamizadora de toda la economía, es, hoy, uno de los sectores en brutal caída, mientras el comercio minorista acusa una fuerte retracción en las ventas y crece la morosidad en la cadena de pagos. El descontento popular alcanza a sectores importantes de la clase trabajadora que salen a defender sus salarios o sus condiciones de trabajo. Largos días permaneció paralizado el transporte de pasajeros de larga distancia, inmovilizando a decenas de miles de pasajeros e incomunicando al país; los trabajadores judiciales efectuaron tres paros consecutivos de 72 hs. cada uno, en rechazo a las modificaciones a su régimen laboral; los bancarios, después de estériles negociaciones con una de las patronales más beneficiadas por el modelo, se encuentran en estado de alerta y movilización; la menguada producción petrolera fue paralizada por las huelgas de los petroleros en el sur…
En ése contexto, el escándalo protagonizado por el testaferro de Néstor y Cristina, Lázaro Báez, pone al tema de la corrupción generalizada en el centro de la escena. Los miles de millones de pesos, las bóvedas y cajas fuertes en las mansiones patagónicas, los aviones y sus valijeros, las cuentas en el exterior y las millonarias “mejicaneadas” de los “cadetes” hablan, claramente, de lo que han sido estos diez años de gobierno de los exitosos K., al menos en lo que se refiere a sus patrimonios personales. El verso de la reconstrucción económica del país, del surgimiento de una burguesía productiva y desarrollista cae, como fruta podrida, ante el verdadero rostro de esa burguesía: lúmpenes amparados por el Estado que, con aprietes y negociados, se quedaron con fortunas inimaginables. También se explica, desde estos mecanismos, la inexistencia de verdaderas obras de infraestructura que hubiesen evitado las tragedias mencionadas o que hubiesen evitado que nuestro país sea, hoy, absolutamente dependiente en materia energética y esté jugando con fuego al mantener en funcionamiento centrales nucleares caducas y obsoletas.
Mientras una buena parte de la burguesía tradicional que acompañó los primeros años de este gobierno sigue tomando distancias de esta gestión y ya ni atiende sus llamadas, los testaferros siguen peleando por los últimos restos de la abundancia sojera. La estampida del dólar no puede comprenderse sin el rol que cumplen grandes grupos burgueses –oficialistas y opositores‐ fugando divisas. Son los mismos que aprovechan la brecha cambiaria para sobrefacturar importaciones y/o subfacturar exportaciones y, de esa manera, hacerse de los inalcanzables dólares reales y colocarlos en los seguros paraísos externos.

UN INTERMINABLE OTOÑO DE PENURIAS OFICIALISTAS

El mes que acaba de terminar, Abril, ha sido terrible para el gobierno: fue golpeado por los escándalos, fueron silbadas y repudiadas sus principales figuras por los damnificados en las inundaciones y no parece poder controlar una situación económica cada vez más complicada. Pero Mayo no augura nada mejor: ésta decadencia en curso parece un proceso ascendente e irreversible que puede culminar en una profunda crisis política. El conflicto con el aparato judicial puede proporcionarle una paliza al gobierno si declara, como aparece previsible, la inconstitucionalidad de las leyes votadas y le voltea la convocatoria a las elecciones primarias. La demanda de los fondos buitres está llegando a su clímax y no parece que vaya a ser favorable al gobierno el fallo de los jueces yanquis. El descontento social sólo puede crecer y, como no podía ser de otra manera, se ha iniciado un irreversible proceso de éxodo de aliados, encabezado por la nueva estrella de la oposición, Sergio Massa. Más allá del episodio electoral, que bien puede señalar el principio del fin de la hegemonía kirchnerista, una crisis sobrevuela el conjunto de un régimen que, como lo demuestra el ocaso populista, no ha podido reconstruir sus herramientas de dominación. Para aprovechar la decadencia del modelo y recoger sus últimos frutos, afilan sus armas la centro derecha, el viejo peronismo y esa patética reedición de la Alianza que es el FAP de Binner y Tumini. En tanto, adecuando su accionar a los estrechos marcos de una democracia burguesa desacreditada, el Frente de Izquierda insiste en un accionar divisionista y auto proclamatorio que lo aleja de constituirse en la alternativa popular que exige la crisis en ciernes. Los revolucionarios, la izquierda anticapitalista radical, los movimientos libertarios y autonomistas tienen el deber de cerrar filas y acortar diferencias para constituir la unidad de acción en las calles y la protesta directa que sacuda al régimen y abra paso a una nueva situación en la que los oprimidos puedan imponer sus demandas.

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E D I T O R I A L

Revista La Maza N° 41


EDITORIAL
  Si algo le faltaba al gobierno nacional para iniciar un 2013 complicado, el temporal que azotó buena parte de Buenos Aires y el área metropolitana, dejando un saldo de casi 60 muertos y centenas de millones en pérdidas, acaba de brindárselo. El temible vendaval que se desató sobre los bonaerenses puede ser atribuido a varios factores, menos a la fortuna. Es la consecuencia inevitable del desastre ambiental que el capitalismo lleva a cabo en su imparable afán de ganancias, cuyo capítulo local es la sojización de nuestras llanuras, con el desmonte, el cambio climático, el agotamiento de los suelos y su incapacidad de absorción de aguas que entraña ese modelo. Y todo eso alentado desde el gobierno y las multinacionales amigas en su voracidad de sojadólares. Pero, también es producto de un crecimiento urbano que jamás tuvo en cuenta la necesidad de la planificación preservando al ser humano como el eje de la civilización. Las ciudades crecen por amontonamiento de pobres, las casas bajas son derrumbadas para construir edificios altos, los parques, árboles y baldíos caen bajo el avance inexorable de la especulación inmobiliaria, mientras los gobiernos sólo miran las comisiones que les dejan los especuladores y las cuentas de los impuestos urbanos. La infraestructura de desagües de la ciudad de La Plata, una de las zonas más afectadas, es la misma de hace cien años.
Algo parecido ocurre en la Capital Federal, mientras, en otras zonas anegadas, directamente, no existe servicio cloacal de ningún tipo. La desaprensión e ineficiencia de los gobiernos capitalistas van de la mano de la voracidad de los capitales predadores del medio ambiente y los resultados no se hicieron esperar. Feroces tormentas de granizo, nevadas insólitas y diluvios bíblicos se suceden mientras los gobernantes se frotan las manos acariciando la recaudación sojera sin atreverse a calcular, siquiera, cuántas cosechas de soja se necesitarán para reparar los daños materiales provocados por el último meteoro. En eso no hay internas, se hermanan en la responsabilidad CFK, Scioli y Macri, agentes del peor capitalismo, ajenos al sufrimiento de un pueblo ya castigado por la creciente miseria (28% de la población es pobre según la Universidad Católica), el desempleo, el trabajo en negro, la inflación, la inseguridad y la ineficiencia de los servicios públicos. Este conmovedor cuadro social pone, dramáticamente, al desnudo la falacia y la mendacidad de los discursos del bienestar con los que se ha pretendido forjar la imagen del gobierno nacional. Sin embargo, las penas del gobierno no se agotarán con el largo lamento de los miles de damnificados que han perdido hasta los colchones y cuyos ecos se harán sentir con dureza en un año de gravitación electoral. Tampoco resonarán solos. La tenacidad de una crisis internacional que golpea con fuerza la economía capitalista dependiente y saqueada que el kirchnerismo se ha empeñado en construir, empuja el dólar negro, fuga divisas, cercena exportaciones, golpea con su producción excedente y comienza a expulsar del empleo a miles de trabajadores y a precarizar su condición laboral a otros tantos. Para un gobierno aferrado al poder como única razón de ser son demasiadas complicaciones al mismo tiempo. Este año el kirchnerismo se apresta
a librar su batalla decisiva: “reelección o muerte” pareciera ser la divisa de ésta pandilla que ahora se llama “cristinismo”. No se trata de una pagana e infantil adoración por el poder, sino de una más terrenal y comprensible necesidad de asegurar la continuidad para sus negociados y de imponer, merced a la acción inexorable del tiempo y la continuidad de influencias y aprietes, la necesaria impunidad que permita disfrutar de los beneficios cosechados en las arcas estatales.
Pero “las desgracias nunca vienen de a una”, dice el refrán. Faltaba una, la más imprevista, la más inesperada y, en consecuencia, la más dolorosa: el “cura-jefe de la oposición” acaba de ser ascendido a “mariscal en jefe” de los 1200 millones de cristianos (40 habitan este país). El cura Bergoglio ahora es, “Su Santidad” el Papa Francisco; el que les hablaba a un puñado de seguidores en la Catedral porteña, ahora “bendice” a millones en todo el mundo; el que se reunía a escondidas con patéticas figuras de la oposición criolla ahora recibe las reverencias de los poderosos del mundo. Lamentablemente para el kirchnerismo, Francisco sigue siendo el crítico Bergoglio, y continúa censurando su autoritarismo, su desprecio por los pobres, su utilización de la caja pública para el lujo personal y su ambición de perpetuidad. Y se lo hizo saber, en persona a CFK cuando, en público y ante las cámaras, la mandó a leer el pensamiento de los obispos, para “que vaya pescando lo que opinamos”. No es mucho como critica para un gobierno que ha hecho méritos para consagrarse entre los más entreguistas y corruptos de nuestra historia. Tampoco se podía pedir otra cosa: Francisco no es un enemigo sino un fiel servidor del capitalismo. Pero, esa crítica de Bergoglio, aunque acotada a los modos de ejercer el poder, implica necesariamente un profundo conflicto con los intereses de la pandilla gobernante. Y mucho más cuando se conjuga con la larga serie de infortunios que sacuden su hegemonía. Un sueño acaba de morir, aunque sus protagonistas todavía no lo registren: la eterna reelección se evapora de las manos de un gobierno encaminado a un largo otoño y un duro exilio de las mieles del poder.
Claro que los pobres no tienen muchos motivos de alegría en las desgracias ajenas. A éste kirchnerismo decadente le sucederá el viejo peronismo o la nueva Alianza, ávidos de volver a manipular las cajas, de seguir sosteniendo la entrega y el saqueo, la sojización que desertifica la llanura, las barbaries minera y petrolera que destruyen el ambiente, en continuar pagando la deuda eterna y, sobretodo, en mantener la opresión y la miseria de la gran mayoría del pueblo, sobre la que se sostienen todos esos privilegios. Será un tránsito de amo, un cambio de collar perpetrado mediante los mecanismos tramposos de la democracia burguesa y sus elecciones, lamentablemente legitimadas por una izquierda para la que cuentan más las urnas que los puños de los oprimidos. En tanto, en la pobreza profunda, en la desesperanza sostenida, en el desamparo largo va creciendo la bronca de los oprimidos. No se detiene ante urnas ni votos; estalla, incontenible, de cuando en cuando, cada vez con mayor fuerza. Así fue en la Navidad pasada, cuando decenas de miles de pobres atacaron centenares de supermercados. Así fue cuando los pobres del Barrio Mitre, en Saavedra, ocuparon el shopping de Elsztein que les inunda sus precarias casas. Así va sucediendo en una marea creciente que busca cauce. Es obligación de la izquierda revolucionaria y libertaria acompañar y alentar su búsqueda de rumbo, en la certeza de que tiempos fundacionales golpean a nuestras puertas.

“LAS DESGRACIAS NUNCA VIENEN DE A UNA…”

Sin embargo, las penas del gobierno no se agotarán con el largo lamento de los miles de damnificados que han perdido hasta los colchones y cuyos ecos se harán sentir con dureza en un año de gravitación electoral. Tampoco resonarán solos. La tenacidad de una crisis internacional que golpea con fuerza la economía capitalista dependiente y saqueada que el kirchnerismo se ha empeñado en construir, empuja el dólar negro, fuga divisas, cercena exportaciones, golpea con su producción excedente y comienza a expulsar del empleo a miles de trabajadores y a precarizar su condición laboral a otros tantos. Para un gobierno aferrado al poder como única razón de ser son demasiadas complicaciones al mismo tiempo. Este año el kirchnerismo se apresta a librar su batalla decisiva: “reelección o muerte” pareciera ser la divisa de ésta pandilla que ahora se llama “cristinismo”. No se trata de una pagana e infantil adoración por el poder, sino de una más terrenal y comprensible necesidad de asegurar la continuidad para sus negociados y de imponer, merced a la acción inexorable del tiempo y la continuidad de influencias y aprietes, la necesaria impunidad que permita disfrutar de los beneficios cosechados en las arcas estatales.
Pero “las desgracias nunca vienen de a una”, dice el refrán. Faltaba una, la más imprevista, la más inesperada y, en consecuencia, la más dolorosa: el “cura-jefe de la oposición” acaba de ser ascendido a “mariscal en jefe” de los 1200 millones de cristianos (40 habitan este país). El cura Bergoglio ahora es, “Su Santidad” el Papa Francisco; el que les hablaba a un puñado de seguidores en la Catedral porteña, ahora “bendice” a millones en todo el mundo; el que se reunía a escondidas con patéticas figuras de la oposición criolla ahora recibe las reverencias de los poderosos del mundo. Lamentablemente para el kirchnerismo, Francisco sigue siendo el crítico Bergoglio, y continúa censurando su autoritarismo, su desprecio por los pobres, su utilización de la caja pública para el lujo personal y su ambición de perpetuidad. Y se lo hizo saber, en persona a CFK cuando, en público y ante las cámaras, la mandó a leer el pensamiento de los obispos, para “que vaya pescando lo que opinamos”. No es mucho como critica para un gobierno que ha hecho méritos para consagrarse entre los más entreguistas y corruptos de nuestra historia. Tampoco se podía pedir otra cosa: Francisco no es un enemigo sino un fiel servidor del capitalismo. Pero, esa crítica de Bergoglio, aunque acotada a los modos de ejercer el poder, implica necesariamente un profundo conflicto con los intereses de la pandilla gobernante. Y mucho más cuando se conjuga con la larga serie de infortunios que sacuden su hegemonía. Un sueño acaba de morir, aunque sus protagonistas todavía no lo registren: la eterna reelección se evapora de las manos de un gobierno encaminado a un largo otoño y un duro exilio de las mieles del poder. Claro que los pobres no tienen muchos motivos de alegría en las desgracias ajenas. A éste kirchnerismo decadente le sucederá el viejo peronismo o la nueva Alianza, ávidos de volver a manipular las cajas, de seguir sosteniendo la entrega y el saqueo, la sojización que desertifica la llanura, las barbaries minera y petrolera que destruyen el ambiente, en continuar pagando la deuda eterna y, sobretodo, en mantener la opresión y la miseria de la gran mayoría del pueblo, sobre la que se sostienen todos esos privilegios. Será un tránsito de amo, un cambio de collar perpetrado mediante los mecanismos tramposos de la democracia burguesa y sus elecciones, lamentablemente legitimadas por una izquierda para la que cuentan más las urnas que los puños de los oprimidos. En tanto, en la pobreza profunda, en la desesperanza sostenida, en el desamparo largo va creciendo la bronca de los oprimidos. No se detiene ante urnas ni votos; estalla, incontenible, de cuando en cuando, cada vez con mayor fuerza. Así fue en la Navidad pasada, cuando decenas de miles de pobres atacaron centenares de supermercados. Así fue cuando los pobres del Barrio Mitre, en Saavedra, ocuparon el shopping de Elsztein que les inunda sus precarias casas. Así va sucediendo en una marea creciente que busca cauce. Es obligación de la izquierda revolucionaria y libertaria acompañar y alentar su búsqueda de rumbo, en la certeza de que tiempos fundacionales golpean a nuestras puertas.

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E D I T O R I A L

Revista La Maza N° 79. Edición especial

EDITORIAL  A 20 años de la mayor gesta  insurreccional de los últimos 50 años resulta difícil de comprender la actual situación política de ...